VIVE SIMPLE. SUEÑA GRANDE. DA GRACIAS. DA AMOR. RÍE MUCHO.

jueves, 19 de enero de 2017

DEBERES

La tan manoseada batalla entre deberes sí o deberes no es tan antigua como la propia educación escolar. Cualquiera que sea la reforma educativa que se haga, tarde o temprano surge este eterno y estéril debate. Cambian los hábitos sociales y culturales, pero los hábitos educativos permanecen casi invariables. Parto de una base, personalmente en mi época de estudiante, casi no tenía deberes. Ya se encargaban mis educadores del colegio religioso al que asistía de que todo se acabara en la jornada escolar. Vale, eran otros tiempos, pero el mismo problema. Cuando, por algún motivo, esto no era posible, se buscaban fórmulas alternativas para su resolución: una hora más en el colegio para acabar, o irte al colegio una antes de su apertura para solucionar el problema (había que madrugar y en invierno...) y muy en el último caso se llevaba la tarea a casa para finalizarla. En cualquiera de los casos, esto ocurría en muy pocas ocasiones. Y teníamos horario de mañana y tarde. Algunos, además, praticábamos deporte en los equipos del colegio y los entrenamientos eran "sagrados". Mis educadores afirmaban, con buen criterio, de que después de una larga jornada escolar más los entrenamientos, si encima llevabas carga escolar adicional a casa, sencillamente no se rendía adecuadamente. No estoy comparando épocas ¡Dios me libre! sólo expongo hechos y datos.
Los padres quieren lo mejor para sus hijos, de eso no hay duda, pero quizá habría que empezar a preguntarles a nuestros hijos por este asunto y escuchar que tienen que decir. Los padres actuales suelen estar agobiados por sus trabajos y ocupaciones, como para pasar este frenesí a sus hijos desde la más tierna infancia. El niño necesita un espacio de desarrollo y este no puede estar ocupado continuamente por obligaciones. Se quiere que sean buenos en los estudios y en las actividades "alternativas" de todo tipo que se les encargan, con más o menos gusto para ellos. Hay que ir a deporte, informática, idiomas, etc... y no se les deja casi ni un segundo del día libre, prácticamente se les obliga a estar ocupados de forma continua. Y no es inusual, sino más bien todo lo contrario, encontrarse con padres, madres e hijos haciendo deberes a las 11 de noche. Esto no es conciliación familiar, no tiene nada que ver con ello. El sistema educativo tiene muchas lagunas, cada vez está más desfasado de la realidad que se vive, no estimula, no premia el esferuzo y el afán de conocimiento y descarga en los padres actividades que no deberían entrar en casa, sin entrar a valorar el caso de que los padres deben ser expertos en literatura, matemáticas, física, química,...o sea padres multiconocimiento. 
No es por ahí por donde debe ir el futuro, pero quizá para saber lo que queremos sea necesario un pacto global por la educación, no sólo político, sino principalmente social, que siente en la mesa a los que están verdaderamente al pie de cañón de la problemática para no perderse en deseos utópicos y ver la auténtica realidad que nos rodea.
Después de esto queda claro que no estoy muy a favor de los deberes ¿no?

domingo, 24 de julio de 2016

PARA DISFRUTAR EL MOMENTO



Queridos padres treintañeros:
Os veo en el supermercado, os veo en el parque. Os veo dejar a los niños en el colegio, os veo en el metro y en los restaurantes. A veces también me veis e intercambiamos sonrisas fugaces, nos ponemos los ojos en blanco y compartimos un momento de entendimiento.
Pero normalmente no me veis porque estáis ocupados persiguiendo a vuestro hijo por los pasillos del súper, vigilando que no suba muy alto en los columpios, regañándole por haber pellizcado a su hermano, buscando una toallita en el bolso o limpiando el contenido del vaso que se acaba de caer.
Hace unos días estaba en una piscina pública; y si hay una metáfora de lo que es la vida para una madre treintañera, tiene que ser una piscina pública. Ahí estamos: somos los estereotipos que juramos que nunca seríamos, con el agua por las rodillas en la piscina de los niños, los ojos fijos en nuestros pequeños y maravillados con sus payasadas.
Aunque es posible que hayamos ido en pareja o en grupo, nuestras conversaciones van por fascículos, no podemos relajarnos ni un momento. Nuestra concentración está con nuestros hijos. Estamos cansados. Estamos distraídos. Nuestro cuerpo enfundado en un bañador está marcado por las heridas de guerra y ya no es lo que solía ser.
No muy lejos están los exultantes veinteañeros. Hablando con sus amigos, hojeando revistas, mirando Facebook y haciéndose selfies con el móvil. Están descansados. Están tonificados. Son completamente ajenos a lo que se les avecina en el futuro. Ni siquiera nos ven. Y, si lo hacen, se prometen a sí mismos que nunca serán como nosotras.
No pasa nada. Todos hemos pasado por ahí y sabemos de qué va la cosa demasiado bien como para ofendernos.
Está claro, lo que ha pasado es que los treintañeros hemos dejado de pensar en nosotros. Pues no. Es que nosotros mismos no somos lo más importante. Tenemos niños pequeños y durante una temporada no somos la prioridad. Dormiremos (o no) según los horarios de nuestros niños y/o nuestros recién nacidos y/o la combinación de ambos. No nos lavaremos el pelo con la frecuencia con la que nos gustaría.
¿Abdominales? ¿Qué abdominales? No pararemos de limpiar narices, culos y suciedad de las paredes. Nos pasaremos el día cocinando, desde el desayuno hasta la hora de la cena, y no nos levantaremos de la mesa hasta que todo el mundo se haya comido, como mínimo, una cucharada de guisantes. Pasaremos horas arrodillados al lado del váter y leyendo "el último" cuento al borde de la cama.
Seremos bilingües en el idioma de La patrulla canina, La princesa Sofía y Peppa Pig y utilizaremos a estos personajes en amenazas y sobornos o como canguros digitales que cuiden de los niños mientras nos damos una ducha. Nos veremos negociando con terroristas, aunque juramos que nunca lo haríamos. Haremos caso cuando oigamos "cógeme", "más" o "no quiero" y diremos la frase "¿cuál es la palabra mágica?" más veces al día de lo que creíamos posible.
Así es nuestra vida. Y la verdad es que no es fácil.
Pero hay otra cosa cierta: más allá de los veinteañeros, al otro lado de la piscina, están los que ya pasan de los cuarenta. Están perfectamente descansados. Perfectamente tonificados. Están solos, leyendo un libro tranquilamente. Nos miran con una mezcla de empatía y petulancia. Han estado en nuestro lugar y han pasado por lo mismo y saben que no dura eternamente. Padres treintañeros, los cuarenta son el santo grial. Se acercan los cuarenta.
La década en la que podemos recuperarnos a nosotros mismos.
No es que desee que esta etapa no hubiera sucedido nunca. Aunque hasta ahora los treinta y tantos han pasado como un borrón, también tienen algo de mágico. No volveré a sentir un moflete blandito en el pecho por la noche. Ni a ver cómo me buscan unos bracitos después de una caída. Ni a oler el característico olor a bebé, ni a conjuntar un par de vaqueros con unas deportivas minúsculas. Ni a empujar un carrito, ni a leer cuentos en la cama con un niño en cada brazo. Ni a oír "quiero con mamá" o "¿me ayudas?".
Sí, se acercan los cuarenta, y van a ser una gozada. Pero no dejéis que lleguen demasiado rápido. Si voy a dejar de pensar en mí durante una década, la maternidad es una buena razón para hacerlo.
Con cariño,
Catherine
Este artículo  fue publicado con anterioridad en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido adaptado del inglés por Lara Eleno Romero.

martes, 15 de septiembre de 2015

HOY...

HABLANDO CLARO



Hoy transcribimos este artículo de una madre con la que estamos totalmente de acuerdo.
Según han ido avanzando cursos, mis hijos han tenido que renunciar a más y más parcelas de su tiempo lúdico (que también formativo) porque nuestro sistema educativo está empeñado en convertir las tardes en una continuación de la jornada escolar.

Ahora que acaba de iniciarse el curso, muchos medios vuelven estos días a ese debate recurrente donde, casi siempre, se demoniza a las actividades extraescolares y se hace una caricatura injusta de los padres/madres que inscribimos en ellas a nuestros hijos. Pocas veces se habla sobre ellas de forma positiva y, por el contrario, se insiste en ciertos calificativos y estigmas para definirnos a quienes somos partidarios de estas actividades complementarias.
No, señores, no aspiramos a convertir a nuestros hijos en Einsteins, Mozarts, Messis o ejecutivos de Inditex. No queremos que sean extraordinarios o que nos saquen de pobres. Simplemente pretendemos cubrir las inmensas carencias del sistema educativo oficial respecto al arte, la música, la danza o el deporte. A cultivar todas esas áreas tanto o más importantes para su formación como personas, como los conocimientos académicos en matemáticas, biología, historia, física o filosofía. No queremos sobrecargar a nuestros hijos. Nuestros hijos están sobrecargados porque el sistema se ha empeñado en que cinco horas lectivas diarias no son suficientes y deben llegar a casa y hacer más de lo mismo durante dos, tres, cuatro o las horas extras que el sistema (a través de algunos docentes, que no todos) estime necesarias. Resulta absolutamente demencial.
Antón es todavía pequeño y hasta ahora la carga lectiva extraescolar ha sido sensata, pero mucho me temo que tengamos que reproducir la situación por la que transitó su hermana mayor. Cada vez que pienso en todas las horas y energías que le he visto desperdiciar durante estos últimos cursos, me hierve la sangre... Por el contrario, no me arrepiento en absoluto de todas las actividades complementarias en que la hemos inscrito desde los 4 años: pintura, barro, baile, pandereta, patinaje, fútbol, voleibol, piano, teatro...
En algunas actividades ha disfrutado más que en otras pero todas, absolutamente todas, le han servido para aprender, formarse y relacionarse, al tiempo que le han permitido experimentar en diversos mundos hasta conducirle a su actual pasión: el atletismo. Mi hija disfruta con este deporte y ha descubierto un mundo que, seguramente, le pueda ayudar a superar esa difícil prueba que es la adolescencia. Espero (ojalá) que le ayude a tener un aliciente, una pasión en su vida, a ampliar su círculo social a través de entrenamientos, viajes y competiciones, a ser consciente de que debe cuidar su cuerpo y a aspirar a algo más que la llegada del "momento botellón" durante el fin de semana.
Sin embargo, y hasta llegar a dar con esta afición, ha necesitado de un largo recorrido y del contacto con diferentes actividades y disciplinas. Resulta muy triste ver cómo a medida que los niños van creciendo y avanzando cursos, la mayoría de padres sacrifica el deporte, la música, el arte o cualquier otra actividad, a causa de la sobrecarga que sus hijos llevan a casa en forma de deberes.
Sé que las circunstancias de Antón son diferentes a las de su hermana y que su discapacidad sí exige ciertas tareas de refuerzo en casa, dado que los recursos de la escuela pública son muchas veces insuficientes para atenderle con el tiempo y en la forma que necesita. Resulta imposible dedicarle la atención que precisa en un aula donde comparte espacio con otros 24 niños (otra aberración del sistema), cada uno de ellos con sus propias y particulares necesidades, al tiempo que las horas de apoyo se reducen cada curso que pasa. Así que, no nos va a quedar más remedio que trabajar en casa y ampliar la jornada académica pero, insisto en que es un caso muy particular. No se debería obligar a la mayoría de los niños a prolongar su jornada académica.
Tampoco es que yo tenga especial prisa en que mi hijo aprenda lo que la programación dicta cada curso. Pero parece que el sistema sí. Y, desgraciadamente, es ese sistema el que moldea nuestra vida social porque, llegados al final de cada ciclo, si el alumno no ha alcanzado los objetivos que se han determinado, se le obliga a repetir curso. Y eso, para cualquier niño, pero más aún para un niño con diversidad funcional, significa destruir todas sus referencias, al separarlo del grupo dentro del cual ha podido lograr una cierta inclusión social. La alternativa en forma de adaptación curricular también resulta peligrosa, porque ese niño ya es lo bastante diferente a sus compañeros, como para añadir que en clase realice otras actividades y tareas distintas a las del resto o que deba salir continuamente del aula para recibir una atención diferenciada.
La solución sería que el sistema no tuviera tanta prisa y, sobre todo, que los niños recibieran una Educación basada en una metodología que respetara sus características y particularidades. No todos los niños deberían estar realizando las mismas tareas ni al mismo ritmo. El "niño-tipo" NO EXISTE. Ahora mismo, quien no alcanza ese prototipo de alumno se queda atrás. Y quien lo rebasa (y se aburre), también. Es el sistema el que debería adaptarse al niño y no el niño al sistema. Lo único que se consigue por esta vía es que muchos alumnos se queden por el camino.
Todas estas connotaciones negativas del sistema educativo y de los deberes, no repercuten tan sólo en el alumnado condicionado por alguna discapacidad. Estoy convencida de que los deberes generan grandes desigualdades sociales en la escuela. No todos los alumnos pueden recibir en sus casas el apoyo necesario, bien porque sus padres están ausentes trabajando, porque carecen de los recursos culturales necesarios para ayudarles o de medios económicos para pagar a quien lo haga por ellos.
Sin embargo, y a pesar de todas las circunstancias que rodean a Antón, no quiero sacrificar la felicidad y todo cuanto le aportan las actividades extraescolares. Son su mayor motivación a lo largo del curso. Lo primero que dice al despertarse los martes es: "¡qué bien, hoy tengo teatro!". Llegado el fin de semana, no le importa que llueva o truene y la perspectiva de montarse en la piragua y luchar contra las olas de la ría, le convierte en un niño alegre, motivado y feliz. Como apasionado de la buena mesa que es, le encanta (intentar) cocinar y no puede estar más emocionado este curso ante la perspectiva de iniciar un taller de cocina donde por fin hemos conseguido plaza. Ninguna de estas actividades le va a ayudar a comprender lo que son las decenas de millar o cómo funciona el aparato excretor, pero el placer y la autoestima que le aportan son infinitas. Y no, no vamos a renunciar a ello...
Artículo de Carmen Saavedra en Huffington Post


miércoles, 27 de mayo de 2015

AMOR Y DEPENDENCIA


Muy interesante este  libro de Silvia Congost titulado "Amar demasiado es depender". Todos sabemos que las relaciones humanas son complejas, o mejor aún, las hacemos complejas. Esto se complica todavía más en las relaciones de pareja y/o matrimoniales. Por alguna razón misteriosa, lo que debería ser un lugar de crecimiento, de sosiego, de amplitud  personal, se convierte por algún otro misterio insondable es una auténtica sucesión de errores que nos convierte la vida en algo sumamente desagradable y peligroso. 
En una relación entre iguales nunca debe existir la dependencia del otro de tal forma que elimine nuestra propia personalidad, de ser así ya no es una relación es una sumisión, más o menos interesada o consentida. 
¿Porqué ocurre esto y que remedios tenemos para evitarlo? De esto trata este libro. No se busca echar la culpa a nadie, lo que propone es un búsqueda del propio yo, de recuperar el control de nuestra propia vida. Y de la ruptura ¡por fin! de clichés; el amor entre humanos nunca puede llevar aparejado el sufrimiento o la lucha (esa tóxica expresión de "la guerra de sexos"),  la relación de pareja es como el agua, debe fluir.
La relación de pareja debe ser de amor, que quizá es una asignatura pendiente de aprender. Pero eso es otra cuestión...

domingo, 24 de mayo de 2015

Curso Investigación Científica 2.0.1: procesos clave en una sociedad digital.

Recién terminado este curso dentro de la plataforma Miriada X, debo dejar patente mi satisfacción por el curso realizado, tanto en su metodología como en planteamiento y ejecución. Teniendo en cuenta de que el tema podría parecer farragoso, sus estilo ameno y muy, muy didáctico, me hace valorar muy positivamente la forma en que los ponentes presentan el mundo de la investigación y de los investigadores.
La nuevas relaciones están en la red y se ha pasado de la época de “jugar” a la de “proponer”, y por tanto hay que saber sacar el máximo rendimiento a esto. Sin miedo.
Es imprescindible comprender que el mundo llamado “científico” no puede vivir de espaldas a la sociedad  con la quier se relaciona y la que, de cierta manera, sirve. También debo agradecer la  visión que por parte de los ponentes y de la Universitat de Girona que se hace de estos planteamientos, dejando al lado una forma un tanto elitista o especial de lo que debe ser la presentación de la Ciencia, como materia y como experiencia vital, abandonando clichés muy arraigados incluso dentro de la propia comunidad científica.  Considero que esta forma y este formato sería muy agradecido en las escuelas y entre los escolares de edades tempranas, que con total seguridad verían este mundillo son otros ojos y abierto a posibilidades.
Debo indicar, sin embargo, que las preguntas de los cuestionarios son, en ocasiones, un tanto complicadas de entender y dan lugar a respuestas erróneas. Hay  momentos que la pregunta y la respuesta no tiene mucho que ver con lo visto y leído en el tema.  También una ayuda en formato pdf sería muy agradecida, al menos por mi parte.

En cuento a los cursos MOOC, son un completo acierto en mi opinión, pero deben  buscar la forma de ser más atractivos, por ejemplo en el tema de los certificados para quién los precise. Me parece un tanto caro su precio, para empezar, como mucho debería pagarse una cantidad simbólica. Opino que deberían ser más ilustrativos del trabajo realizado: horas lectivas, uso de herramientas informáticas, materias, centro organizador,...

A continuación indico los puntos más importantes:

1.- La importancia que se da  y se debe dar a la presencia de los investigadores en la llamada RED, en forma de publicaciones, presencia en foros, debates, etc… para dejar claro que la Ciencia es una forma más de la vida cotidiana y no, cómo aparece muchas veces, algo llevado por expertos y especialistas un poco en plan  escondido y vedado a la mayoría. El último estudio presentado demuestra el interés del público por este mundo y la gran valoración que sus integrantes tienen. Eso hay que aprovecharlo.
2.-  Muy interesante el concepto de que la Ciencia no es sólo investigar en un laboratorio, que mentalmente es lo se asocia, sino que la fotografía, el arte, el dibujo, ayudan a extender el concepto. La presentación y comunicación de los trabajos científicos con obras de teatro, humor,  hará que  tanto por la parte profesional como por la parte profana, se descubran elementos comunes muy interesantes. Con ello se logrará que mucha gente se acerque al mundo científico y lo vea de otra manera.
3.- La importancia del llamado “Open Acces”. Para mí, imprescindible. Acceder a material y recursos, de forma gratuita  por la red es garantía de éxito y futuro. Yo desconocía los principios de Pantom, pero me han parecido muy adecuados y esenciales para una explosión del mundo científico en el inmediato futuro.  Prometo que mantendré mi blog lo más actualizado posible, desde ahora.
4.- Importante, a mi parecer, la búsqueda que los ponentes hacen de la interacción ciudadanos-investigadores-observadores, como medio muy adecuado para unir ese puente necesario entre sociedad-escuela-universidad-mundo científico. Ojalá todas las partes lo entendieran así. Y destaco la parte de la reputación  del ámbito investigador, algo esencial.

5.-  Agradezco la gran cantidad de material adicional que el curso ofrece, así como los enlaces a otros muchos lugares que abren enormemente las posibilidades a la comunicación científica.

miércoles, 13 de mayo de 2015

LA RUPTURA



Una ruptura amorosa abre ante nosotros una sima llena de incertidumbre y de desequilibrio. En ese instante comenzamos a encontramos solos y desvalidos, y el miedo, mezclado con otras emociones, se apodera de nosotros. Es en ese momento cuando entramos en una zona rota, un aro en apariencia terrible, pero que encierra la oportunidad de oro para conocernos y salir impulsados hacia una nueva zona de evolución. Esta zona de ruptura corresponde a la fase de la etapa aguda del duelo por la pérdida emocional.
Los dos frenos más visibles de la iniciativa en el ser humano suelen ser la queja y la excusa. La queja obedece a la actitud de un niño que llama la atención porque desea ser consolado. La excusa la emplean los niños que quieren ser exculpados de su responsabilidad en un asunto. En el fondo, el mundo de los adultos no difiere mucho del de los niños. La queja y la excusa las usamos como armas para no hacer nada y seguir recreando un drama alrededor de una situación de la que podemos salir. Si acabas de romper con tu pareja, quizá esta afirmación te resulte dura, seca y áspera. Sé que estás en un torbellino emocional complejo, pero es necesario que no pierdas de vista esta afirmación que acabo de hacer. Puedes remontar, puedes renacer, puedes volar y puedes ser libre.
La metamorfosis es un término que procede del griego y significa alteración de la forma. La metamorfosis es un proceso de transformación mediante el cual un objeto o entidad cambia de forma. Con la queja en primer plano y la excusa como compañera de viaje, estamos condenados a vivir en una especie de bucle interminable que nos clava a una realidad antipática donde se nos hace imposible transformarnos. En ese país que nos hemos creado, siempre hacemos lo mismo y siempre pasa lo mismo. En ese territorio nos vemos a nosotros como orugas sin alas y a los demás como mariposas libres, cuando la realidad es que también somos mariposas con la única salvedad de que nuestras alas están escondidas bajo el telón de la pesadumbre que nos hemos generado tras la ruptura y a la que somos adictos.
Te propongo que cambiemos el inicio de la pregunta «¿Por qué te has ido?». En su lugar vamos a preguntarnos lo siguiente: «¿Para qué te has ido? ». Ambas cuestiones apuntan a direcciones distintas y sus resultados, por tanto, también difieren. Una pregunta encabezada con un «por qué» nos lleva a buscar una causa, una razón o una justificación a un hecho. Generalmente esos «¿por qué...?» llevan una crítica encubierta detrás, nos encierran en el lado más oscuro de la situación, levantan barreras y activan nuestra obsesión por encontrar una razón lógica, racional y analítica.
El «para qué» es un inicio abierto que nos ayuda a profundizar en nuestro interior, hace que el foco del asunto recaiga sobre nuestra vida y evita que nos obsesionemos con la persona que se acaba de ir de nuestra vida y con las razones que tuvo para romper la relación, eleva nuestra conciencia y nos hace darnos cuenta de dónde estamos para descubrir una nueva información que potencie nuestra capacidad para actuar y dar pasos en nuestra vida, independientemente de lo que nos haya sucedido.

Este cambio de perspectiva te va a ayudar a atravesar el duelo en el que estás inmerso y combinará la información de tu mente de otra forma. No le des la espalda al duelo porque, de hacerlo, te acompañará para siempre en tu vida y se enquistará de tal manera que será complicada la labor de despegarte de él. El duelo aparece siempre que algo querido, importante o prioritario desaparece de nuestras vidas. Esa pérdida hay que procesarla e integrarla a través de un proceso de adaptación emocional y de regulación vital, que es en lo que consiste el duelo, y en el que se suelen advertir estas tres fases generales:
  • La fase inicial caracterizada por la evitación que surge como un mecanismo de defensa ante la rudeza o crueldad de la realidad y que perdura en el tiempo hasta que seamos capaces de asimilar la pérdida, algo que se hace de manera gradual.
  • La fase intensa o aguda que está dominada por un desinterés hacia el mundo exterior, por la inhibición de toda productividad y por un gran dolor que puede tomar forma de tristeza extrema o de rabia. La angustia se apodera de nosotros y nada tiene sentido. En esta etapa experimentamos unos confusos altibajos emocionales que nos desconciertan en ocasiones.
  • La fase de resolución del duelo se inicia con la escalonada reconexión con la vida, con la estabilización del efecto montaña rusa de la etapa intensa y con la disolución del dolor agudo.
Para completar y cerrar el duelo de la pérdida es necesario que tengas en cuenta estos aspectos sanadores:
  • Acepta la realidad de la pérdida.
  • Experimenta la realidad de la pérdida.
  • Siente el dolor y todas las emociones asociadas al mismo.
  • Adáptate a tu ritmo al nuevo ambiente.
  • Reinvierte tu energía emocional en nuevas ilusiones y experiencias.
Atravesar un estado de aflicción es una de las experiencias más complicadas de la vida y una de las que más nos abren al autodescubrimiento. Sé que hace falta mucha valentía y arrojo para conversar con nuestros estados de ánimo en los momentos más duros de una ruptura, pero también sé que ese espacio íntimo que construyas para ti, será tu nido, tu hogar y el fértil campo en el que podrás plantar las semillas de tu despertar al amor verdadero.
Artículo de Helena López-Casares en Huffington Post

lunes, 4 de mayo de 2015

LA MATERNIDAD


En país como España, con uno de los índices de natalidad más bajos del mundo desarrollado, donde ser madre se ha convertido casi en una maldición, conviene escuchar a mujeres madres de otros lugares para conocer cómo se sienten.  

Esto es lo que la maternidad me hizo

Hubo un día en el que mantenía mi casa en condiciones. Lavaba los platos, doblaba la ropa, organizaba los armarios y hacía bien la cama.
Ahora, los platos están apilados como si el fregadero fuese un cubo de basura. La colada se queda tanto tiempo en el cesto que la ropa se arruga hasta el punto de tener que volver a lavarla. Mi cama parece la de un estudiante adolescente (sin ofender). Hacer la cama los sábados se considera un lujo.
Hubo un día en el que asociaba pasarlo bien al hecho de salir. Las noches de viernes en casa eran aburridas. Nunca quedábamos para cenar antes de las 9 y siempre acabábamos bebiendo y bailando en cualquier sitio con amigos.
Ahora, los viernes consisten en quitarme los zapatos, ponerme unas mallas, pedir comida a domicilio y, con suerte, aguantar despiertos hasta las once y media.
Hubo un día en el que montaba un drama por la presentación. La decoración de mi casa cambiaba con cada estación. Hasta en las reuniones más informales creaba menús temáticos ideados para la ocasión, con la vajilla de plástico a juego.
Ahora me considero excesivamente festiva cuando pongo mi nueva bandera primaveral en el jardín. Hace dos semanas, seguía teniendo los adornos otoñales puestos...
Hubo un día en el que sacaba tiempo para mí misma. Iba a la peluquería para darme el tinte, me hacían la manicura, iba un poco de compras (o un mucho) y siempre se me iba el tiempo del fin de semana haciendo lo que quería.
Ahora digo que ha sido un buen día cuando no llevo el moño deshecho o si llevo las dos piernas depiladas (sí, cuando tengo prisa se me olvida pasarme la cuchilla por la otra pierna). Y si he sacado tiempo para limarme las uñas y depilarme las cejas, me siento como si hubiera ido al spa.
Esto es lo que la maternidad ha supuesto para mí. La maternidad me ha convertido en otra persona. En alguien a quien, a menudo, no reconozco. La maternidad se llevó mi antiguo yo y lo revolucionó. Sacudió el suelo sobre el que me sostenía.
La maternidad hizo de mí una persona casera, amante de la pizza, que cambiaría salir una noche de punta en blanco por una tarde de peli y chándal en el sofá, con mi bebé en brazo.
Como veis, antes de ser madre, la mujer que fui se preocupaba por todas las cosas. Pero eso es lo único que son: cosas. Todo lo que definía a la mujer que un día fui se centraba en las percepciones. No creo que fuera egoísta. Simplemente, no conocía algo diferente o mejor.
La maternidad me dio la capacidad de vivir con más sencillez y con un amor más profundo. Me permitió ver las cosas con perspectiva y descubrir lo que es importante. La maternidad me dijo: "El fregadero puede esperar, pero tu bebé seguirá creciendo si no te relajas y vives el momento". La maternidad me hizo apreciar lo que tenía y no lo que quería.
Esto es lo que la maternidad me hizo... y creo que me gusta
Ashli Mazer
Este post fue publicado originalmente en la edición estadounidense de 'The Huffington Post' y ha sido traducido del inglés por Marina Velasco Serrano