VIVE SIMPLE. SUEÑA GRANDE. DA GRACIAS. DA AMOR. RÍE MUCHO.

viernes, 27 de septiembre de 2019

CURIOSIDAD



Christian Gálvez en su reciente libro sobre Leonardo da Vinci indica que el genio italiano lo era porque era ante todo curioso, se preguntaba el porqué de las cosas y buscaba la forma de realizar cosas nuevas. Afirma que la primera cualidad para ser un genio es ser una persona curiosa. 
Esto es traspasable a los niños, los mayores curiosos de la naturaleza. Para un niño todo es novedad, búsqueda, descubrimiento, ilusión, expectativas, un niño es un buscador incesante y en su mente todo es posible. Lamentablemente ese ímpetu infantil luego queda cercenado a medida que va creciendo y los primeros culpables de este corte brutal en la evolución infantil somos los padres. En otro libro genial, que aconsejamos su lectura:" PORQUÉ LO HOMBRES NO ESCUCHAN Y LAS MUJERES NO ENTIENDEN LOS MAPAS", el matrimonio Pease, que son sus autores, colocan en un recuadro una frase lapidaria: si hay 10.000 niños geniales, 9.999 dejarán de serlo por  culpa de sus padres. 
Queremos niños responsables, adultos, que sepan enfrentarse a los problemas de este mundo complicado, queremos que nuestros hijos crezcan más deprisa de lo que deberían, no queremos que tomen decisiones equivocadas, no queremos que cometan errores, queremos niños asépticos. En el fondo no les dejamos crecer y ser ellos mismos, nos cuesta entender que ellos deben buscar su propio camino y cometer sus propios errores. Confundimos el amor que les damos con un paternalismo/maternalismo un tanto agobiante. Los niños necesitan expresar lo que sienten, lo que viven, necesitan ver el mundo como un lugar de descubrimiento y conquista, como algo novedoso y cambiante, un lugar lleno de colores y oportunidades. Ser un genio no es descubrir la teoría de la relatividad todos los días o una vacuna contra el cáncer ¡ojalá!, ni tener una idea luminosa con frecuencia, ser un genio es utilizar nuestros talentos y habilidades para crecer un poco más cada día. 
Por esos hay niños y genios de 80 años y más. Son adultos con alma de niños.

domingo, 15 de septiembre de 2019

EQUIPO



Los recientes éxitos deportivos de las diferentes selecciones españolas en múltiples modalidades siempre llevan unidos a los elogios que reciben una palabra que suena repetidamente: EQUIPO. Se habla de trabajo de equipo, sensación de equipo, la clave es el equipo, etc... y es verdad, nada de lo que se consigue sería posible si en el esfuerzo hacia el  éxito no se va acompañado. Porque incluso en aquellos deportes en los que, a primera vista, parece un trabajo individual: natación, tenis, badminton,... el deportista no es más que una expresión de mucha gente que hay detrás y que no se ve, pero que también forman un equipo.  
Esto se puede extrapolar sin ningún problema al matrimonio y a la familia. Tiene que existir una sensación y un concepto de trabajo en equipo. Si cada uno de sus integrantes hace una vida por su cuenta, no se lograrán los resultados buscados y se fracasará. A menudo hay mucho miedo a poner en práctica los ideales y los objetivos del trabajo en equipo dentro de los ambientes matrimoniales y familiares, que si se pierde libertad, que cada uno es como  es, que siempre hay una autoridad de alguien, todos estos peros son válidos para no valorar lo que significa para los individuos sentirse miembro y partícipe de algo. Para romper conceptos erróneos y poner en auténtico valor el matrimonio y la familia como lugares donde se aprende, de verdad, a trabajar y aprender como luego debemos desarrollarnos en sociedad recordamos las cinco C's que definen el trabajo en equipo:

  • COMPROMISO
  • COMUNICACIÓN
  • CONFIANZA
  • COORDINACIÓN
  • COMPLEMENTARIEDAD
Sería muy bueno hacerse, de manera real y sincera, primero a nivel pareja-matrimonio y luego a nivel familiar como están integrados estos conceptos, con lo que nos dará una buena radiografía de como está nuestro bienestar comunitario. Por ejemplo, puntuando de 1 a 5 cada nivel, en que el 1 es lo más bajo y 5 lo mejor, para ver luego en cuales de ellos es necesario trabajar más, dónde están los puntos de mejora, dónde los lugares de peligro...

Una reflexión serena de los resultados nos permitirá valorar si de verdad creemos en estos conceptos o solo somos una expresión cultural más.
¡ ANIMAMOS A QUE LO HAGÁIS!
Y si precisáis nuestra ayuda, sólo tenéis que decirlo.

martes, 3 de septiembre de 2019


RUTINA MOTIVADORA

La trampa de la rutina se desarma mirando excepcionalmente lo no excepcional
Víctor Hugo



Ha llegado el temido momento, se acaba el merecido y necesario descanso vacacional y hay que volver a la vida diaria, a la rutina, a la realización de tareas que no nos gustan, no nos motivan, suelen ser repetitivas y a veces, pesadas, lo que lleva al conocido “síndrome postvacacional”. A pesar de ello no debemos ver esto como un acto obligado, estresante o desmotivador, todo puede tener su lado positivo y para ello es conveniente ponerse una serie de tareas que hagan que este temido retorno no suponga una carga. Busquemos un retorno a la rutina de la forma más motivadora.
Quizás lo primero que debemos hacer lo tenemos en las propias vacaciones, ha tenido que ser una época de desconexión a todos los niveles, mental, físico, laboral, etc… si no lo hemos hecho así, la cosa se complicará. La mente necesita descansar, necesita resetear, hacer como una limpieza de lo superfluo. Otra cosa que los especialistas aconsejan cada vez más es volver a casa después del descanso unos días antes del inicio de vuelta laboral, no esperar al último día, el querer apurar tanto no permite ni al cuerpo ni a la mente el período necesario de adaptación.
-          El primer día
Poner el despertador 10 minutos antes y a una distancia que no podamos llegar con el brazo y nos obligue a levantarnos. Así eliminamos la tentación de los 5 minutos, que con facilidad se convierten en algunos más, lo que puede llevar a las prisas. Aprovechar ese  tiempo para meditar, hacer una tabla sencilla de ejercicios, desayunar con más calma,… que el cuerpo no note latigazos.
-          Recuperar hábitos alimenticios
Es fácil que en período vacacional nos hayamos descontrolado en horarios de alimentación y la forma de hacerlo. Cuanto antes recuperemos el horario normal y la alimentación adecuada mejor llevará el cuerpo y la mente  la nueva situación. El cuerpo humano es una máquina perfecta, con sus rutinas, sus procesos y su sabia elección de la energía necesaria para cada momento.
-          No pensar en las próximas vacaciones
Las vacaciones han concluido, punto. Si no se han cumplido las expectativas o no han sido todo lo excelentes que nos proponíamos, no nos pongamos a pensar y programar las del año próximo. No es positivo. Centrarse en el día a día, el próximo fin de semana, como mucho en el próximo puente y a lo más lejos las vacaciones de Navidad, si hay opción a ello, pensar a más largo plazo genera incomodidad y desmotivación.
-          Fijarse en detalles
Quizá sería bueno que el primer día que se vuelva al trabajo, se haga en transporte público, particular o andando, nos fijemos en detalles de cosas que han cambiado, una calle recién asfaltada, un nuevo color en los vehículos públicos, un nuevo parque que pudiera existir, son los pequeños detalles que nos hacen pensar que la vida sigue y nos hace centrarnos en aspectos que nos alivian el peso de la vuelta.
-          No narrar las vacaciones
Quizá no nos demos cuenta, pero a nuestros compañeros les importa un carajo donde hemos estado de vacaciones, también están volviendo y tienen el mismo “síndrome”. No marearles con fotos, explicaciones de lugares que hemos visitado, de lo bien que hemos comido, etc…ni les hacemos un favor, ni nos lo hacemos a nosotros. Hay tiempo de sobra para hacerlo. Así se evitan  posibles discusiones absurdas.
-          Las multitareas
Es fácil que el primer día de retorno tengamos cientos de e-mails, o de carpetas en nuestra mesa y aquello parezca un caos. Organizarse, marcar objetivos diarios, no querer hacer todo y a la vez, ir poco a poco. Podemos pasar de la tranquilidad al estrés con tanta rapidez que llegaremos a casa el primer día con la sensación y el cansancio de haber realizado una maratón.
-          Tener humor
Está demostrado que el humor es una de las mejores terapias que hay para enfrentarse a los problemas diarios. La vida es un regalo y llevarla con ilusión, alegría, esperanza y motivación son clave para lograr una buena estabilidad emocional. Las dificultades siempre están ahí, no las podemos obviar, la diferencia está en la forma de afrontarlas. Tener una actitud positiva es alentadora no solo para nosotros, sino también para los que nos rodean.
Y no olvidar que somos unos privilegiados, hemos tenido vacaciones, no todo el mundo tiene esa suerte.

martes, 21 de noviembre de 2017

NIÑOS



En la celebración del Día Internacional del Niño quizá sería conveniente que, dentro de los derechos que tanto hablamos y les damos  damos hubiera uno que es el más importante: dejemos a los niños ser niños.  Porque en este mundo tan supertecnificado y ultrarápido se nos ha olvidado que los niños no son futuros consumistas de todo lo que caiga cerca de nuestras manos, son ante todo y sobre todo niños. Independientemente del lugar donde vivan, de las condiciones económicas, sociales y culturales donde se desarrollen, su principal misión es ser personas felices y para lograrlo no hay que dejarles más que ser ellos mismos. No convertirles en adulto pequeñitos con todo lo que ello significa.

lunes, 21 de agosto de 2017

CRIAR NIÑOS OPTIMISTAS



Si tienes hijos, puede resultar muy fácil centrarse en lo negativo. Y no es de extrañar: gracias a las noticias 24 horas, a las redes sociales, a las notificaciones de los teléfonos móviles e incluso a otras fuentes inesperadas como YouTube o Instagram, los niños están rodeados de tristeza y pesimismo. Fijémonos en el mundo en el que les ha tocado vivir: la tasa de suicidio ha aumentado, el ciberacoso está en auge, Estados Unidos está más dividido que nunca y ahora la gente se dedica a retransmitir asesinatos y suicidios en directo. Es comprensible que no te apetezca sonreír y transmitir a tus hijos mensajes optimistas con respecto al futuro todos los días.

Pero no te rindas. Por irónico que suene, aunque los medios de comunicación y la tecnología parezcan la causa del pesimismo colectivo, también son esenciales para superarlo; ya sea utilizándolos con cabeza o sabiendo cuándo dejarlos a un lado. A continuación, encontrarás seis formas de ver el vaso medio lleno:

Cambiar de perspectiva

Cuando la tragedia vuelve a hacer acto de presencia en el mundo, la revivimos cada vez que encendemos la televisión, que entramos en una red social, que miramos las notificaciones del móvil o que pasamos por un quiosco lleno de periódicos con titulares sensacionalistas. Los padres entendemos que los medios de comunicación exageran ciertas noticias para atraer miradas y clics. Pero los niños no tienen por qué entender la relación existente entre las fuentes de información, los patrocinadores y el público. La forma en la que reaccionamos a las noticias marca la diferencia en la manera en la que van a procesarlas nuestros hijos. Ayúdalos a mirar las cosas desde otra perspectiva y explícales que muchas veces no es más que mucho ruido y pocas nueces. Cuando se le da a las cosas la importancia que verdaderamente merecen, los niños tienen menos miedo y recuperan la esperanza.

Demostrar agradecimiento

Alimenta el carácter de tus hijos para combatir la actitud derrotista. Un carácter fuerte será un importante pilar para ellos cuando el resto del mundo sea un caos. Tómate tu tiempo para hablar de las cosas por las que te sientes agradecido. Anímalos a no rendirse a pesar de los obstáculos y a tener compasión con los demás. Existen estudios que demuestran que expresar la gratitud hace que nos sintamos más optimistas. Puedes ver con tus hijos estas películas para empezar el diálogo sobre el tema.

Desmontar las noticias falsas

Muchos niños dicen ser incapaces de diferenciar las noticias falsas de las reales en internet. La confusión, las dudas y la falta de confianza se interponen en el camino hacia el optimismo. Pero nuestros hijos tienen las herramientas necesarias para combatir las noticias falsas. Tienen a su disposición herramientas en línea para comprobar y descubrir la verdad (o, al menos, para desenmascarar los fraudes). Se pueden negar a contribuir a la difusión de información falsa al no compartir contenido que no puedan verificar. Y pueden alzar la voz cuando vean información dudosa. Comprobar de primera mano la información empodera.

Plantar cara a los ciberacosadores

Enséñales a tus hijos que pueden parar los pies a los acosadores. Cuando vean que están acosando a alguien —en las redes sociales o en los juegos en línea—, no deben quedarse de brazos cruzados. Aunque nunca deberían hacer nada que les ponga en peligro, hay formas seguras de ofrecer su apoyo. Pueden llamarles la atención a los ciberacosadores, denunciarlos, defender o mandar un mensaje privado a la víctima para que tenga claro que alguien se preocupa por ella. No es ser un chivato. Es responsabilidad de todos que la experiencia de navegar por internet siga siendo positiva y productiva. Al plantar cara a los ciberacosadores demostramos que tenemos fe en que podemos cambiar las cosas.

Acabar con el discurso del odio

El anonimato que proporciona internet puede tener consecuencias involuntarias. Por ejemplo, la gente piensa que puede hablar con odio o compartir imágenes ofensivas sin miedo a ser descubierta. Y puede que tengan razón, pero el discurso del odio se cobra sus víctimas. Aunque ciertas instituciones están empezando a castigar a aquellos que difunden contenidos ofensivos, no deberíamos esperar a llegar a ese punto. El discurso del odio es muy dañino, contribuye a crear un ambiente negativo y, en ocasiones, es un grito de socorro de alguien que lo está pasando mal. Explícales a tus hijos cómo lidiar con él: que no respondan, que bloqueen a las personas que lo difundan, que denuncien a los ofensores y que no lo compartan. Si tus hijos consiguen influir en otra persona para que pase de los contenidos negativos, es posible que esa persona influya en otra, y esa, en otra...

Desconecta de vez en cuando

Coge a tus hijos y a tu pareja, si es que tienes, y desconectad del mundo. Si estáis todos juntos, no os vais a perder nada importante. El mero hecho de estar juntos, leer, cenar sin ningún dispositivo electrónico o charlar os recargará las pilas y os transmitirá el mensaje de que el tiempo en familia es lo más importante. Los expertos recomiendan este tipo de actividades porque la acumulación de malas noticias puede ser abrumadora y debilitante. Y si incluso los adultos nos sentimos así, imagínate cómo pueden reaccionar los niños a ese torrente de información constante. Al gestionar los medios de comunicación y pasar tiempo en familia, les estarás enseñando a tus hijos lo que es verdaderamente importante.

Escrito por Caroline Knorr, Common Sense Media
Common Sense Media es una organización independiente sin ánimo de lucro que ofrece información no sesgada y consejos para ayudar a las familias a utilizar la tecnología y los medios de comunicación de una forma inteligente.

miércoles, 12 de julio de 2017

NATURALIDAD


¿Por qué los muros de nuestras redes sociales están llenos de selfies con filtros? ¿Por qué cuando alguien etiqueta una foto con el hashtag #sinfiltros normalmente se trata de un paisaje bonito y no una "cara lavada y recién peiná"? ¿De qué nos avergonzamos o qué nos preocupa cuando nos hacemos quince fotos hasta elegir cuál de ellas vamos a publicar? ¿En qué momento la naturalidad dejó de tener encanto y ser interesante?

Parece que si no tenemos la sonrisa perfecta, el pelo ideal o la mueca más encantadora, nuestra imagen no tiene valor... Ha quedado muy atrás aquello de que "la belleza está en el interior" cuando también se nos ha olvidado eso de que la fachada es sólo eso, fachada, señores.

No vendría mal que de vez en cuando mirásemos uno de nuestros selfies y viésemos qué transmite nuestra fachada para después mirar hacia nuestro interior y comprobar cómo está de cerca una imagen de la otra. Si lo que transmites hacia fuera coincide con lo que sientes hacia dentro, puedes dejar de leer. Pero si no es el caso, háztelo ver...

Probablemente, si aprendemos a aceptar nuestros defectos, también puede que dediquemos menos tiempo a los filtros en el próximo selfie que vayamos a publicar. Igual tampoco es necesario aplicar blanqueador dental para lucir dientes de blanco "Ariel", ni ponerle "velos" a nuestras arrugas para publicar caras de porcelana antes de compartir una imagen con nuestros contactos; seguro que a ellos les importa saber que estamos pasando un buen rato y que nos sentimos bien y no tanto que luzcamos una cara lisa con cero defectos, como si fuéramos una de las figuras de #lladró...

Quizás deberíamos preocuparnos más por disfrutar y compartir todo lo que uno quiera compartir, pero sin disimular que todo está bien cuando no lo está... ¿qué aporta publicar una foto perfecta, llena de filtros cuando por dentro uno está hecho un trapo?

Me gustan las redes sociales, tengo Twitter, Facebook, LinkedIn e Instagram. Me gusta sentirme cerca, a través de ellas, de la gente que tengo lejos, es una manera de estar presente en su día a día...Pero lo que más me gusta es saber que cuando comparten una foto se sienten bien, que están pasando un buen rato y que quieran compartir conmigo ese momento, y para ello, señores, me dan igual los filtros que pongan. Me quedo con la alegría y los sentimientos que me transmiten al natural, sin filtros.

Es verano, está lloviendo y me encanta correr bajo la lluvia en esta época del año, y así, sin filtros, con los kilos de más que no he conseguido quitarme para llegar a la #operaciónbikini, las ojeras acumuladas durante la semana, las canas que de momento sigo renegando a tintar y mis incipientes arrugas, comparto este momento contigo. Probablemente tú estés pensando que ni se me notan las canas, ni las lorcillas de más, ni que las arrugas sean para tanto...Pero sí, ahí está todo eso, y soy tan consciente de ello como de que con esta foto mi fachada transmite lo bien que me siento ahora mismo por dentro.
Artículo de Natalia Márquez
Huffington Post

martes, 4 de julio de 2017

MAMÁ Y CUERPO


Mi relación con la comida ha sido siempre complicada, por decirlo de forma suave. Debido al asma, siempre he tenido miedo de hacer ejercicio, de modo que he ido ganando peso desde que era adolescente. Perdí veinte kilos asistiendo a mis reuniones semanales y controlando todo lo que comía. Me sentía como si estuviera reeducándome a mí misma sobre qué es sano y cuál es la ración apropiada. Poca grasa, pocos hidratos de carbono y mucha fibra: esas fueron mis normas. Aunque entonces no lo sabía, los trucos que aprendí para evitar las calorías podrían servirme para toda la vida. Me encantaba sentirme "delgada". A veces, renunciaba de forma premeditada a comer antes de las ocasiones especiales para sentirme bien conmigo misma. Pese al asma, hacer ejercicio se convirtió en una rutina central de mi vida: corría kilómetros y kilómetros y podía doblarme en cualquier dirección que te puedas imaginar. Era una antigordos.
Cuando las madres charlamos sobre nuestros cuerpos, muy pocas confiesan que les gusta más su cuerpo de después del parto que el de antes. Yo soy una de ellas. No me malinterpretéis, no ha sido un camino de rosas: he tenido que aprender a cambiar mi forma de pensar sobre el cuerpo y la salud. Parece que a veces, mientras nos zampamos una zanahoria con solo tres horas de sueño encima, nos olvidamos de que estar sanas y estar delgadas no es lo mismo. Me lo hicieron ver al nacer mi hijo. Cuando nació, le decían "gordinflón", y no fue hasta que varios amigos y familiares me insistieron en que lo más sano para el bebé era ser un gordinflón cuando me di cuenta de que estar delgada no tenía por qué ser bueno. ¿Cuándo se produce el cambio? ¿Por qué medimos nuestro valor personal según nuestra talla corporal? Es más, ¿por qué medimos nuestra valía como madres según lo rápido que podemos hacer desaparecer las secuelas del embarazo?

Tras un año de baja maternal asumiendo el giro de 180 grados que había dado mi vida al dar a luz, pensé muy seriamente qué modelo quería ser para mi hijo. Fue cuando de verdad empecé a cuestionarme si amoldarme a los estereotipos de nuestra sociedad era un buen ejemplo. Y no, no lo es en absoluto. Es necesario aceptar que los cuerpos cambian al dar a luz y siguen cambiando después. Quiero que mi hijo vea que las mujeres pueden ser felices y estar sanas sin ponerse a dieta o empezar rutinas que tomen el control de sus vidas. Quiero que crezca sabiendo respetar a las mujeres por algo más que por sus cuerpos, que aprenda a ver más allá de la carne, los huesos o los granos de una persona.
Cuanto más tiempo pasa desde que soy madre, más orgullosa me siento de mi cuerpo. Esos impresionantes abdominales desaparecieron hace mucho tiempo, cuando los especialistas me aconsejaron que lo dejara. Desde ese momento, en mi subconsciente corté de raíz con esa dieta y esa mentalidad de tallas pequeñas. Ahora me siento liberada. Me encanta sentarnos a la mesa como una familia y disfrutar de la comida, todos con el mismo menú en el plato. Ahora tomamos lácteos, carne e hidratos de carbono todos los días. Todos los días aparece en las redes sociales una nueva dieta libre de lactosa, azúcar, gluten... y a veces me acabo preguntando si soy la única que come de todo.

He aprendido que no hace falta amoldarse para ser feliz. Yo ya he dejado atrás las dietas. Se trata de ser feliz uno mismo, no de hacer felices a los demás. En mi caso, me hace feliz cultivar mis propios alimentos y disfrutar de la comida junto a mi familia. Cuando empecé a distanciarme de aquello en lo que la parte crítica del mundo quería convertirme, por fin pude aceptar mi cuerpo tal y como es. Me gustaría que esta historia sirviera para que todas las madres del mundo se abstuvieran de hacer caso a los estereotipos que los medios nos quieren inculcar. Comed lo que os haga feliz, seguid una dieta equilibrada o zampaos ese pastel, esa fruta o ese trozo de pan. Haced ejercicio si lo disfrutáis, cultivad el huerto, sacad a pasear al perro o jugad al pillapilla con vuestros hijos. Por amor de dios, ¿podemos empezar a valorar lo increíbles que son nuestros cuerpos independientemente de la talla antes o después del parto?

Helen Aveyard
Este post fue publicado originalmente en el 'HuffPost' Reino Unido