VIVE SIMPLE. SUEÑA GRANDE. DA GRACIAS. DA AMOR. RÍE MUCHO.

jueves, 6 de abril de 2017

ESPIRITUALIDAD


Uno de los aspectos más destacados del presente siglo, del que ya llevamos 17 años, es el progresivo e incesante aumento de la llamada espiritualidad. Somos bombardeados continuamente por cursos, seminarios, actividades diversas, relacionadas con el mundo espiritual. La búsqueda y conocimiento de uno mismo, de sentirse bien interiormente, de buscar nuestro lugar en este vasto Universo del que formamos parte, de responder, o tratar de hacerlo, a la gran pregunta ¿qué hago aquí? Por medio de diferentes medios: yoga, mindfullness, oración, meditación, etc... el ser humano se ha dado cuenta de que para estar en alineación con el mundo primero necesita estar alineado consigo mismo. Se le atribuye una gran importancia al silencio, cuando esto está descubierto hace cientos de años, buscamos evadirnos del trasiego y velocidad diaria para encontrar un rato de paz y relajación. Todo esto está muy bien y es aconsejable, pero a su vez, no podemos olvidar que vivimos en un mundo y una sociedad interconectada, no solo digitalmente, sino espiritualmente y que el "valor" de cada persona tiene mucho que ver con el "valor" que producimos en y hacia los demás. 

jueves, 30 de marzo de 2017

CAMBIO DE ÉPOCA


Del mismo modo en que se pasaron por diferentes épocas históricas (Antigua. Media, ....) ahora estamos en una nueva. Y hasta que las estructuras de todo tipo: económicas, sociales, culturales, políticas, .... se coloquen en su lugar, viviremos unos tiempos de zozobra. Sin embargo, y  a pesar de lo que pueda parecer, éste es el mejor momento. Tenemos una gran ventaja con respecto a otras épocas, hoy con un simple movimiento del dedo accedemos a una cantidad ingente de información, lo que nos da unas posibilidades casi ilimitadas. El único "problema" es el uso de esa información, lo que de ella transformamos en valor, personal y social. Siempre se dice que la información es poder, pudiera ocurrir eso hasta hoy, ahora el "poder" es que hacemos con esa información, si solamente la guardamos ocurrirá como con la basura, mucha unida huele mal, debemos airearla. Y aquí es donde entra. como nunca antes en la historia, el ser humano. Hoy, en la nueva época y aunque no lo parezca, el protagonista será el ser humano como tal. Único, completo, intransferible y valorable. Los hombres y mujeres del siglo XXI tienen en su mano la auténtica revolución: encontrar la razón de sus existencia en este universo y actuar en consecuencia. No debemos dejar pasar esta oportunidad.  

martes, 21 de marzo de 2017

VALORES



Ha saltado a los medios de comunicación  un vídeo en el cual se ve a unos padres de dos equipos de fútbol de niños de 12 años tener una pelea al más puro estilo Rambo, ante la mirada atónita de los propios críos que no daban crédito a lo que ocurría. Curiosamente la pelea se celebra el día 19 de marzo, Día del Padre. Y según se comenta en los medios relacionados con el asunto, la cosa no es más que la punta de un iceberg que ocurre una jornada sí y otra también, incluso a edades más tempranas. Algún equipo ha llegado a la decisión de prohibir la entrada en los partidos a  los padres vistas las situaciones que se dan. ¡Tremendo! ¿Dónde hemos llegado?
El deporte para niños que debería ser una escuela de valores; tales como compañerismo, ilusión, respeto, tolerancia, etc... se convierte con demasiada frecuencia en una válvula de escape de pasiones mal entendidas, de frustraciones no reprimidas y de competitividad peor encauzada. Si este es el ejemplo que damos a nuestras generaciones futuras, mal vamos. No es así como se construye un futuro social solidario y justo. Luego nos quejamos de las diferentes formas de violencia que conviven a nuestro alrededor, si los primeros que deben ser educadores y dar ejemplo, que son los padres, se comportan así, ¿qué cabe esperar a corto y medio plazo? Recientemente el colegio El Pilar de Madrid retiró a su equipo de baloncesto masculino de la competición cuando se enteró de las mofas que en las redes sociales sus jugadores habían realizado contra un equipo rival. Eso es educación y ejemplo.
Muchos especialistas dicen que nuestra sociedad está enferma, y hechos como éstos no hacen más que abonar la teoría. Pero no estamos poniendo muchos remedios para revertir la situación. La sociedad está formada por individuos y aquí es donde hay que poner el foco, el cambio empieza por una transformación interior y personal, una recuperación de valores llamados "tradicionales" y que todos conocemos, salirse de este corsé de individualismo y egoísmo que nos atrofia, nos envilece y cada vez nos convierte más en auténticos animales. Hemos avanzado mucho tecnológicamente, pero aún estamos en las cavernas en la asignatura de convertirnos en lo que verdaderamente somos: seres humanos. 

lunes, 27 de febrero de 2017

EL CEREBRO: NUESTRA CLAVE



La clave de los profesionales del presente y del futuro no está en su capacidad de "hacer", sino en su capacidad de "pensar". Es cierto, se ha pasado en muy pocos años de una especialización manual a una especialización mental. Por primera en toda la historia del ser humano, la diferencias no estarán en sus capacidades físicas, al contrario, estarán en sus capacidades cognitivas. Es decir, de cómo y de qué manera utilicemos la más extraordinaria herramienta que poseemos: el cerebro.   
Por supuesto, que las habilidades manuales y el trabajo con ellas no desaparecerán, pero no será con la determinación que tiene ahora. Debido a ello es necesario que la formación cambie sus parámetros, ya no se trata de memorizar y llenar al cabeza de datos  en ocasiones inconexos, se trata de aprender, analizar y llevar a la práctica todo lo que se asimila. Claro, es una auténtica revolución, una ruptura de fronteras mentales, una auténtica catarsis vital. Pero, a la vez, es una gran oportunidad de igualdad, al fin  y al cabo todos tenemos un cerebro y no sabemos  las enormes posibilidades que ello nos da. Quizás nos puede dar hasta miedo todo lo que podemos lograr. 
Es una experiencia fascinante.

miércoles, 22 de febrero de 2017

PADRES FELICES
HIJOS FELICES



Se dice, y con razón, que los niños no son más que simples espejos. Y es una gran verdad, en sus primeros años, principalmente, reflejan lo que ocurre a su alrededor y, a partir de ahí, forjarán su personalidad. Por tanto, es muy importante el espejo principal de las tiernas edades, los padres y madres. Y en ese aspecto es el espejo más determinante. Los padres no tienen que ser cicateros en las muestras de cariño y complicidad entre ellos, aunque a los críos les parezca raro o pongan algunas caras dignas de fotografiarse.  Existe un cierto pudor a expresar esos sentimientos, no sólo en público, sino en el propio ambiente familiar. ¿Porqué? Si el niño o la niña observan esas muestras sencillas, tiernas, serenas,... de sus padres que se aman, de que juegan entre ellos, de que ríen juntos, las pequeñas mentes infantiles se verán influenciadas muy positivamente y serán una base firme para la creación de su propio proyecto vital. Con el paso del tiempo se percatarán de que esos simples detalles entre sus padres no son más que una expresión de algo más profundo, intangible a las palabras, pero importante vivencialmente. 
Por tanto, no hay que tener  miedo a la efusividad entre la pareja, quizá no lo tengamos presente o no lo valoramos en lo que vale, pero ante los hijos son una de las mejores expresiones de confianza,  seguridad y aprendizaje que pueden tener.  

domingo, 5 de febrero de 2017

PADRES CON CONSISTENCIA


Continuamente nos cruzamos en nuestra vida con multitud de personas que son diferentes entre sí. Pueden pertenecer a los mismos grupos, haber sido educados de forma similar, haber tenido las mismas oportunidades.... ¿Qué marca las diferencias? Por un lado, la ciencia nos dice que el mayor peso es la genética, para lo que cada vez hay más voces disidentes (Bruce Lipton está entre los científicos prestigiosos que dicen que los genes no actúan si no hay una adecuada interrelación con el medio). Los psicoterapeutas humanistas nos inclinamos a pensar en que es la relación entre padres e hijos lo más determinante en el desarrollo de las personas y, sobre todo, en la creación de la estructura de la personalidad.

No dudo de la influencia e importancia de la predisposición genética pero, al margen de lo que en realidad haya, nuestra mirada profesional irá dirigida hacia el análisis de la relación parental. El amor y el respeto de las figuras parentales hacia los niños va a estar en una altísima prioridad entre los factores que más influyen en el desarrollo de estos últimos. Incluimos entre las relaciones parentales a los padres, abuelos, tíos, educadores, cuidadores.... Es decir, a todos los que asumen la función parental en algún momento de la vida del niño. Cuando hable de padres, el sentido será de figura parental.

Para los padres, tener objetivos claros y sanos a corto, medio y largo plazo les ayudará a no perderse ni dejarse llevar por los impactos emocionales del presente, que podrían dar el traste con la estabilidad y la solidez del mensaje parental. Es decir, que el padre sea consistente, que no ceda ante el miedo inmediato de un chantaje afectivo, de la presión del momento o de la responsabilidad y trascendencia que una decisión puede tener para su niño herido y que prevalezca el adulto sano en esa función parental.

Ser consistentes como padres significará:
No mirar para otro lado, ser consecuentes, sensatos, honestos, responsables... Para un hijo, saber que sus padres "están siempre ahí" y que "son de fiar" es lo que le aportará una seguridad imprescindible para que, una vez incorporada, le haga sentirse sólido como persona, libre de miedos patológicos y adquirir la estabilidad en sus vidas.
Actuar dentro de la crianza y educación del niño de forma que este se sienta seguro de que el amor no está en juego. Saber transmitirles esa seguridad afectiva será fundamental para que la confianza no se quiebre y se vaya consolidando cada vez más.
Mostrar una coherencia emocional facilitará a los niños que sientan y expresen sus emociones de forma espontánea, segura y sana, sin temor a malas consecuencias.
Proteger sin invadir al hijo, respetarle mientras se le acompaña, dándole la seguridad necesaria para que su aprendizaje y exploración del mundo sea un éxito.
Permitir una comunicación fiable y segura, que el hijo se sienta seguro por compartir su vida y sus descubrimientos con sus padres, sin temer ser represaliado por sus ideas o por sus acciones.
Poner límites firmes a los hijos. Ni rígidos ni demasiado flexibles. La firmeza en los límites facilitará que los niños aprendan a moverse de forma libre por las zonas permitidas, sabiendo que la transgresión de las zonas prohibidas, además de ponerles en peligro, les traerá unas consecuencias a las que tendrán que enfrentarse. Nunca se debe prometer un castigo que no se va a realizar, ya que esto traería consigo la pérdida de la consistencia necesaria.
Aportar estabilidad y coherencia a sus hijos, dándoles una base de seguridad para aprender a funcionar en la relación con ellos mismos, con los otros y con el mundo.

La importancia de la consistencia de los padres para que los hijos consigan tener una estructura de personalidad sólida y sana, para mí, está fuera de toda duda.

También el paralelismo de un gobierno consistente y coherente para que los ciudadanos puedan vivir una vida segura, sana y productiva.

La consistencia es una condición necesaria para facilitar el desarrollo sano y positivo de las personas que están a nuestro cargo. Cualidad que debería estar presente en todas las personas que están arriba en las relaciones verticales, con la intencionalidad puesta en los de abajo de dicha relación. Lo mismo podemos decir para unos padres que crían a sus hijos, para un empresario o jefe que busca la mejor de la productividad en su equipo de trabajo, para un maestro con su discípulo o para que los gobernantes dirijan un territorio hacia un buen desarrollo político y humano.

Quizás si todos los que ocupamos posiciones dirigentes (padres, maestros, médicos, jefes, políticos, gobernantes) hiciéramos una autoreflexión sobre nuestra propia consistencia, y eso nos llevase a cambiar algunos aspectos, ofreceríamos una altísima mejora en las personas de las que nos ocupamos. La vida así sería muchísimo mejor.
Artículo de José Zurita
Huffington Post